El Mojito Trujillo y el más allá de las palabras.


Si es usted una persona que suele expresar con torpeza sus sentimientos, si tiene acaso la ligera sospecha de que no declaró correctamente sus más plenas y sinceras emociones, o si tan solo quiere decirle te amo y no encuentra cómo: el mojito trujillano es su mejor oportunidad.


Créame, no hay mejor instante del día para decir te amo, que a la hora del desayuno.

Debe su nombre el preparado a las cualidades morfológicas y de toponimia del revoltillo en cuestión. En principio la humedad del conjunto le confiere la propiedad de ablandar cualquier de los contornos con que se acompañe este principal para el desayuno.

Y en segundo orden, son las tierras altas de los andes de Trujillo, en la inmensa y fecunda tierra venezolana, quienes dan origen a este singular plato.


Los ingredientes que lo componen dan fe del origen campesino del Mojito Trujillano. Puesto que del huerto proceden los que a continuación iremos enumerando.

Media docena de huevos, una cebolla, dos tomates, una ramita de cebollín, medio pimentón, dos dientes de ajo, una ramita de perejil, y otra de cilantro.




Tenga a su lado una taza de leche. La norma exige que estos aditivos, a excepción de los huevos y el lacteo, se presenten finamente picados.

Mi consejo: tómese el tiempo de rayarlos, mientras piensa en el ser que ama.


Caliente mantequilla o aceite en una sartén. Sofría el cebollín, el ajo, y la cebolla hasta transparentar. Deje caer el pimentón y el tomate. Respire. Sonría. La vida es corta.

Aparte, mezcle los huevos batidos, la leche, sal, pimienta, el cilantro y el perejil. Júntelo con el sofrito y permita cuajar removiendo en un solo sentido. A fuego medio.

Sírvalo con arepas y bellas palabras. Por favor!